Muchas veces al borde de hallar la receta de la inmortalidad me distrajo la presencia espantosa de la muerte. Pocos conocen y menos reconocen la eficacioa de la cura que pasaré a explicar. Pero es quizá la única receta que jamás decepciona. He querido llamarla la cura del rostro, porque no hay quien no tenga en la memoria un grupo no muy grande de caras que a su vista producen alegría.
El rito del sosiego es el siguiente. Dos sillas y una mesa, un paté de hígado de ave, tostadas de pan fresco y trigo íntegro, una botella helada de vino de sauternes y frente a ti la cara del amigo, de la amiga, el rostro que conoces, uno de esos que con solo verlos nos devuelven la calma.
El paté, a los amigos, les recuerda que son carne. El pan no los deja olvidar que todo nace de la tierra y todo a ella vuelve. El espíritu del vino de sauternes aviva lo que más nos hace vivos: la posibilidad de unir dos pensamientos."
O trecho é de um livro de bolso chamado Tratado de Culinaria para Mujeres Tristes, do escritor colombiano Hector Abad Faciolince. Como ele diz na contracapa: "Si los escritores son unos mentirosos que dicen la verdad, el título de este libro cumple con su cometido: no es un tratado, no es de culinaria y, más que para mujeres tristes, parece escrito para mujeres alegres, demasiado alegres." Descobri esse livro sem querer há um tempo. Li, gostei, guardei. Fica a recomendação.
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