Acabei de revisar "Usucapión", a tradução para o espanhol do meu romance "Mulher de um Homem Só".
Foi uma das maiores emoções da minha vida. Jamais poderia imaginar que seria tão forte. Imagino que ser pai deva ser um pouco assim: porque aquela criança era minha, era minha como poucas coisas jamais poderão ser minhas, mas por outro lado também é da Ianina, tradutora de mão-cheia, que colocou ali muito do seu trabalho, do seu artesanato, das suas emoções, da sua sensibilidade.
Reler minhas palavras em espanhol me fez ficar ainda mais consciente da importância da escolha de cada palavra, de cada ambiguidade, de cada lugar-comum, de cada neologismo.
Estou mexendo no texto ainda, mas se houver tradutores ou falantes nativos de espanhol que queiram dar uma olhada, por favor, levantem o braço. Tenho muitas dúvidas esparsas e sempre preciso de feedback!
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Um trechinho, para compararem com esse aqui:
Libeca cultivaba sus enormes ojeras con un cuidado parecido al que nosotras, las chicas más femeninas, sólo le dedicábamos a nuestras cabelleras: cabellera que Libeca había rapado al estilo cadete del ejército. Fumaba marihuana pero nunca sintió nada (fingía, para no pasar vergüenza) y era literata, tan literata como se puede ser a esa edad: adoraba a Dostoievski, había leído Memorias del subsuelo, cargaba siempre una edición en su cartera, que todo el grupo había leído y subrayado, y, atraída por el autor, comenzó a leer Los Hermanos Karamazovi pero nunca lo consiguió acabar. Y era, o se decía, o se pensaba, una rebelde, una nihilista (palabra que le encantaba salpicar en las conversaciones, para mostrar cuán sofisticada y culta era), y todo esto a los quince años, que, de hecho, pensándolo mejor, es en la única edad que es perdonable imaginarse nihilista. Vivía en un apartamento de casi mil metros cuadrados en el mejor barrio de la ciudad y tenía siempre un chofer a su disposición, pero, por cuestiones ideológicas, sólo iba a la escuela en ómnibus y tenía un orgullo planetario de eso. Por otro lado, nunca se le había ocurrido, que en el mundo exterior , las chicas de su edad se lavaban su propia ropa interior. Hablando de ropa interior, a Libeca y a sus amigas también les gustaba defender el amor libre, ya que el sexo no significaba nada y esas cosas no tenían ninguna importancia, no pensaban muy bien de chicas como yo, que éramos estrictas y vanidosas, no fumábamos y teníamos al menos un poco de pudor. Pero muchas de mis amigas más pudorosas ya estaban bien de novias con esos novatos de facultad que en aquella época nos parecían grandes hombres y con ellos, perdíamos todas las inhibiciones, estábamos más seguras de nuestros cuerpos y jugábamos colocándonos cosas deliciosas, esas travesuras que sólo se hacen con personas en las que se confía, con quien se es íntimo, con quien se ama, inclusive siendo esos amores fugaces de la adolescencia. Mientras tanto, Libeca se sentaba en el regazo de los chicos, tenía intimidad física con todos, porque esas cosas no importaban, ellos le metían la mano aquí y allá, y quien viera eso, diría que era una mujer liberal y con experiencia, pero cuando estaba sola con ellos, toda la fuerza de los valores culturales decadentes de nuestra sociedad se hacían sentir y Libeca defendía con furia aquel ultrapasado y peludo concepto de honra que residía allí en medio de sus piernas , y nunca hizo nada con los chicos en cuyos regazos se sentó. Y, los martes, Libeca se deshacía de los amigos y en secreto se iba a visitar a su bisabuela, que era una vieja muy solitaria que vivía en un asilo en los suburbios, sus padres y sus abuelos nunca iban, pero Libeca se sentía mal con eso, y pasaba más de dos horas en tres ómnibus diferentes para llegar al asilo y nunca faltaba, y llevaba una bolsita escondida con pan de miel para la bisabuela, que no podía comer dulces por causa de la diabetes, pero que le decía a Libeca que la vida sin pan de miel no valía la pena, y Libeca le llevaba el pan de miel y se quedaba viendo a la bisabuela partirlo con los labios porque no tenía dientes y dejaba la masa derretirse en la boca y ahí las dos conversaban, la bisabuela oía los noticieros de radio todos los días y siempre le preguntaba a Libeca cuáles eran sus opiniones sobre distintos asuntos, qué pensaba del nuevo presidente, si la selección tenía alguna posibilidad de ganar el Mundial de Fútbol, inclusive si la huérfana de la telenovela debía quedarse con el médico, y todo esto era bueno porque obligaba a Libeca a informarse, y además de leer a Dostoievski y no entenderlo, también tenía que enfrentarse con los periódicos todos los días. En fin, quince años.
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Convencida, finalmente? Então, compre o livro.
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Em tempo: para todas suas necessidades de tradução, revisão e transcrição, recomendo enfaticamente a empresa da Ianina e do Emanuel, Traduções Emcampos.
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Ryszard Kapuscinski (1932-2007)
MATRA-DKW...
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